PROFECÍA PREDICTIVA GENUINA—(La prueba)
- Pastor Israel Chapa Pérez

- 28 ene
- 2 Min. de lectura

La profecía predictiva puede ser definida como “un milagro de conocimiento, una declaración, o descripción, o representación de algo futuro, más allá del poder de la sagacidad humana para discernir o calcular, y ésta es la evidencia más alta que puede ser dada de la comunión sobrenatural con Dios, y de la verdad de una revelación de Dios”.
Existe una cifra de criterios para determinar la autenticidad de la profecía—como opuesta a la predicción especulativa. La profecía debe implicar:
(1) Tiempo apropiado: el oráculo debe preceder significativamente a la persona o evento descrito. Debe estar más allá del reino del cálculo razonable para así evitar la posibilidad de una “conjetura fundamentada”. Cuando uno “profetiza” que lloverá mañana—cuando el clima le favorece—esto nunca evidencia intervención divina.
(2) La profecía debe presentarse en detalle específico, no generalizaciones vagas que son capaces de ser manipuladas para calzar varias circunstancias. Predecir que “alguien” hará “algo” en “algún momento” no es muy impresionante.
(3) El cumplimiento exacto, no un simple grado de probabilidad, debe caracterizar la predicción. ¡Un profeta que es 80% exacto no es un profeta en absoluto!
En esta conexión debemos observar que los profetas de la Biblia, cuando pronunciaban sus declaraciones, hablaban con confianza absoluta. Ellos frecuentemente empleaban una forma verbal conocida como el estado perfecto, lo cual sugiere acción completa.
Un erudito lo llamó lo “perfecto de la confianza”. Esto habla del evento como si ya hubiera ocurrido (aunque todavía en el futuro), por ende enfatiza la seguridad de su cumplimiento. Por tanto, Isaías pudo decir, “Porque un niño nos es nacido…” (9:6), aun cuando la encarnación de Cristo estaba todavía siglos aparte. La profecía nunca fue expresada con un inseguro “tal vez”, o un ambiguo “quizá”.
El estándar divino para un profeta verdadero es establecido por Moisés. “Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado…” (Deuteronomio 18:22). En Isaías 41:23, es dado un desafío a los dioses falsos del paganismo: “Dadnos nuevas de lo que ha de ser después, para que sepamos que vosotros sois dioses…”. Claramente, la profecía predictiva es un elemento importante de las sagradas Escrituras, y se eleva superiormente por encima de las profecías falsas del mundo de hoy.





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