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Vidente y Profeta: dos corrientes proféticas

  • Foto del escritor: Pastor Israel Chapa Pérez
    Pastor Israel Chapa Pérez
  • 5 dic 2020
  • 6 Min. de lectura

El Nilo es realmente uno de los ríos más grandes del mundo. Incluyendo sus afluentes, es también el más largo, ya que corre más de 6.600 kilómetros desde su nacimiento en el corazón del continente africano hasta su desembocadura en Egipto, donde se vierte en el mar Mediterráneo. Por miles de años las aguas del Nilo han sostenido las vidas de aquellos que residen sobre sus riberas, que se desbordan. Pocos ríos han sido tan vitales para el levantamiento o la caída de una cultura y civilización, como lo ha sido el Nilo.


Sin embargo, el Nilo comienza en la forma de dos ríos, en vez de uno. El Nilo Blanco corre desde el lago Victoria, en Tanzania, y el Nilo Azul desde el lago Tana, en Etiopía. Estas dos corrientes de agua se unen en Jartum, en Sudán, para formar el Nilo egipcio, el cual fluye de sur a norte por más de 2.500 kilómetros en su paso hacia el mar Mediterráneo.


Dos corrientes separadas se unen, cada una agrega su fuerza a la otra, para formar un río poderoso que nutre y sostiene la vida a lo largo de todo su curso. En el plano espiritual, el fluir de lo profético desde el cielo a la Tierra se parece mucho al río Nilo. Así como el Nilo Blanco y el Nilo Azul se unen para crear el Nilo egipcio, dos corrientes de unción profética convergen para alimentar al mayor movimiento del río de Dios en la Tierra. Podemos denominar a estas dos corrientes: la corriente del profeta y la corriente del vidente.


Otra manera de verlo sería pensar en un gran río profético que fluye desde el trono de Dios, que se bifurca en dos corrientes poderosas -el profeta y el vidente-, las cuales le dan diferentes grados, dimensiones o facetas a la impartición profética. De todos modos, debe quedar en claro que ambas corrientes son importantes para la expresión plena de la palabra profética del Señor a su pueblo en nuestros días.


Pero ¿Cuál es la diferencia entre el profeta y el vidente? Digamos que todos los verdaderos videntes son profetas, pero no todos los profetas son videntes.


DEFINICIÓN DE PROFECÍA Y PROFETA


Para entender mejor esto, necesitamos definir algunos términos fundamentales. Actualmente muchos cristianos están confundidos acerca del rol profético y cómo opera. Pero ante todo, ¿qué queremos decir cuando nos referimos a la palabra profecía?

Kenneth Hagin, uno de los padres del movimiento moderno de fe, afirmó: "Profecía es una declaración sobrenatural en una lengua conocida. La palabra hebrea 'profetizar' significa 'fluir'. También lleva el pensamiento de 'bullir o manar como una fuente, dejar caer, levantar, brincar, y brotar'. La palabra griega que se traduce como 'profecía' significa 'hablar por otro'. Es decir, hablar por Dios o ser vocero de Dios."

Según Dick Iverson: "El don de profecía es hablar bajo la influencia directa y sobrenatural del Espíritu Santo. Es convertirse en la boca de Dios para verbalizar sus palabras como el Espíritu dirige.


La palabra griega propheteia significa 'declarar la mente y el consejo de Dios'. En el Nuevo Testamento esta palabra es inseparable del concepto de la inspiración directa del Espíritu Santo. La profecía es la misma voz de Cristo que habla en la iglesia". La frase anterior de Dick Iverson es una de las mejores definiciones de profecía que he escuchado: "¡Profecía es la misma voz de Cristo que habla en la iglesia!"


El conocido maestro internacional de La Biblia, Derek Prince, definió profecía de la siguiente manera: "El don de profecía es la habilidad impartida sobrenaturalmente de oír la voz del Espíritu Santo y hablar la mente y el consejo de Dios. La profecía ministra no solo al grupo de creyentes reunidos, sino también a individuos. Sus tres propósitos principales son:


· Edificar= construir, fortalecer, hacer más efectivo.

· Exhortar= estimular, animar, amonestar.

· Consolar= alentar.


Por tanto, la profecía contrarresta los dos ataques principales de Satanás: la condenación y el desánimo."


David Pytches dice: "El don de profecía es la habilidad especial que Dios le da a los miembros del Cuerpo de Cristo para recibir y comunicar un mensaje inmediato de Dios a su pueblo reunido, a un grupo de ellos, o a cualquiera de ellos individualmente, a través de una declaración divinamente ungida."


Personalmente, uno todos estos pensamientos diciendo que "profecía" son los pensamientos expresados de Dios, hablados en un lenguaje que ningún hombre en su elocuencia natural podría jamás articular por su cuenta. La sustancia y la naturaleza de la profecía exceden los límites de lo que la mente humana es capaz de pensar o imaginar. Su propósito es edificar, exhortar y consolar tanto a individuos como al Cuerpo de Cristo.


Aunque la profecía viene a través de la boca o la pluma de un hombre, proviene de la mente de Dios. Un profeta o una profetisa, entonces, es un vocero de Dios; uno que oye la voz del Espíritu Santo y habla o escribe los pensamientos y el consejo de Dios en una manera "divinamente ungida".


La palabra "profeta" aparece más de 300 veces en el Antiguo Testamento y más de 100 veces en el Nuevo Testamento. En el Antiguo, la palabra hebrea usada con más frecuencia para "profeta" es la palabra nabí. Aquí hay algunos ejemplos.


· Según lo que se dice en Génesis, Abraham era un profeta: “Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido [Abraham]; porque es profeta [nabí], y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos (Génesis 20:7).


· Lo mismo se dice de Moisés: “…y nunca más se levantó profeta [nabí] en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara” (Deuteronomio 34:10).


· Como vocero de su hermano, Aarón también era un profeta: “Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta [nabí]” (Éxodo 7:1).


· Dios llamó a Jeremías como profeta aún antes de nacer: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta [nabí] a las naciones” (Jeremías 1:5).


· Malaquías habló de un profeta que aparecería en los últimos días: “He aquí, yo os envío el profeta [nabí] Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible (Malaquías 4:5). De las palabras de Jesús en Mateo 11:14, sabemos que esta Escritura habla acerca de Juan el bautista.


· En un versículo que muchos creen que ser refiere a Jesús, el Mesías, Dios promete levantar otro profeta como sucesor espiritual de Moisés: “Profeta [nabí] les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare” (Deuteronomio 18:18).


La palabra nabí tiene que ver con oír y hablar, con ser vocero de Dios, declarando para que todos oigan. Un profeta nabí es una persona que habla en representación de un superior. En el caso de Aarón este era Moisés y, finalmente, Dios. En el caso de cada profeta bíblico, de hecho, Dios era el superior por quien ellos hablaban. Sus palabras se originaban en Él.


Él plantaba sus palabras en los corazones y bocas de ellos, y ellos a su vez las declaraban al pueblo. En síntesis, un nabí es uno que habla declarando la palabra que Dios le ha dado.


IMPARTIENDO LO PROFÉTICO


Dios imparte esta palabra profética de diferentes maneras. Toda profecía viene de Dios a través del Espíritu Santo, pero opera en formas distintas según la persona. El Antiguo Testamento usa varios términos hebreos diferentes para describir las diferentes clases de impartición.


Primero, está nataf, que significa "dejar gotear cual lluvia". Esto describe un proceso lento y delicado en donde la palabra profética viene sobre nosotros poco a poco, y se acumula en nuestro espíritu durante un tiempo. Es como estar parados en un lugar y sentir el rocío de Dios que desciende a nuestro alrededor y lentamente va permeando nuestro espíritu. Algunos lo describen como ser una esponja que gradualmente se empapa y absorbe las "gotas de lluvia" de la presencia profética del Señor, hasta que está llena y desborda.


La segunda palabra hebrea para la impartición profética es massa, que se refiere a la "mano del Señor" que libera "el peso del Señor". Cuando la mano de Dios viene sobre nosotros, Él nos imparte algo -un "peso" profético- y cuando se retira, ese peso permanece. El Señor deposita algo en nuestro espíritu que no estaba allí anteriormente, y aún después de levantar su mano, llevamos esa palabra como la carga de una comisión de su parte. Él coloca una "carga" o un "peso" por una situación en particular, y podemos llevarla por días, semanas, meses o aún años.


Por ejemplo, puede ser una carga sobre la situación del aborto en tu país. La mano de Dios viene sobre nosotros y se va, dejando una capacitación sobrenatural de gracia, una dotación para profetizar e interceder en una forma en que nunca antes lo habíamos hecho.


Otra palabra para la impartición profética es nabí, que ya hemos visto, y representa la acción de "fluir" o "brotar como una fuente". Este término describe perfectamente el don de profecía que vemos tan frecuentemente en las reuniones, especialmente en aquellas en donde hay muchos ancianos y líderes maduros y con dones que trabajan juntos como un equipo bien coordinado -"el presbiterio profético"- (1 Timoteo 4:14).



 
 
 

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