El propósito de la profecía
- Pastor Israel Chapa Pérez
- 8 nov 2022
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 20 mar 2024

Buscamos la seguridad ahora y soñamos con un futuro estable para nosotros mismos y para nuestros hijos y nietos. Sin embargo, para la mayoría de nosotros, estos deseos y esperanzas están lejos de realizarse, pues nuestro mundo está lleno de cambios inesperados y peligrosos.
Fácilmente podríamos ser víctimas de un accidente, un atraco, una
enfermedad debilitante o un desastre natural. Los turbulentos cambios
económicos y sociales nos roban la tranquilidad y amenazan nuestra
estabilidad financiera. Las guerras y el terrorismo ponen en peligro a
la sociedad y hacen que la seguridad que buscamos se vuelva cada vez
más elusiva. La incertidumbre se convierte en una forma de vida.
La falta de esperanza
Consideremos a la juventud de hoy. La falta de esperanza en el futuro es una causa principal de zozobra entre los adolescentes. Miles de
jóvenes están convencidos de que la “buena vida” desaparecerá antes
de que tengan edad suficiente para disfrutarla. Anhelan fervientemente
tener seguridad y propósito. Hay una epidemia de nihilismo o desesperanza completa. El asombroso número de suicidios entre los adolescentes es una muestra palpable de su desilusión con la vida. Algunos de ellos descargan su enojo y frustración formando pandillas como una alternativa a la sociedad en la que viven.
Pero los adolescentes no son los únicos que se preocupan respecto
a su futuro. Un gran número de adultos buscan descifrar el futuro acudiendo a la astrología y al espiritismo. Los libros acerca del futuro son grandes éxitos de librería. Millones de personas desean fervientemente poder vislumbrar una luz que brille al final del túnel. El rey Salomón observó que “el gran problema del hombre es que nunca sabe lo que va a suceder, ni hay nadie que se lo pueda advertir” (Eclesiastés 8:6-7). Esto sigue siendo verdad hoy en día.
¿Por qué hay tanta incertidumbre en nuestro mundo? ¿Acaso tenemos que vivir en la ignorancia de lo que nos depara el futuro? ¿O podemos descubrir una fuente de información que nos revele hacia dónde se
dirige este mundo? Ciertamente podemos, y dicha fuente nos dice mucho acerca del futuro. También podemos conocer la causa de nuestra incertidumbre y el sorprendente giro de acontecimientos que conducirá a la solución del problema.
¿Dónde podemos encontrar las respuestas? La realidad es que éstas
han estado a nuestro alcance por muchos siglos. Se encuentran en las
páginas de la Biblia, un libro verdaderamente único entre toda la literatura universal. Aunque la escribieron muchas personas de diversas
culturas a lo largo de un espacio de 15 siglos, es la obra maestra de un
solo autor: el Creador del universo.
Durante siglos, los estudiantes de la Biblia se han maravillado de
que tantos autores, de antecedentes tan diferentes, hayan podido transmitir con tanta uniformidad el mensaje y propósito que se encuentran en las Escrituras. Ninguna otra recopilación de escritos de tan variados autores podría compararse con la continuidad y armonía de la Biblia.
Esta uniformidad le da a la Biblia una posición inigualable entre las obras literarias; de hecho, es una de las grandes pruebas de su
inspiración divina. La Biblia misma proclama con fuerza cuál es su
origen: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar,
para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el
hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena
obra” (2-Timoteo 3:16).
Este libro es en gran parte profético. Sus profecías revelan información crucial sobre el futuro de la humanidad. Cuando nos damos cuenta de que la Biblia es la inspirada Palabra de Dios, entonces empezamos a comprender la importancia de sus profecías. Éstas son confiables ¡porque Dios mismo las inspiró!
¿Qué nos dice el Creador acerca de sí mismo y acerca del futuro?
“. . . Yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que
aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero; que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré” (Isaías 46:9-11). Dios no sólo afirma que puede revelar el futuro, ¡sino que también tiene el poder para hacer que se cumpla lo que ha predicho!
El apóstol Pedro nos aconseja que prestemos atención a las palabras de los profetas bíblicos: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2-Pedro 1:19-21).
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